martes, 25 de enero de 2011

La llegada.

Ya pasada la medianoche se iluminó el cielo nocturno durante un segundo, seguido de una salpicadura inmensa.
Algo había caído en el agua. Una bola púrpura estaba varada en la orilla. De la mitad salió una pequeña escalera y una mujer de unos cuarenta años empezó a descender.
-Mira a qué sitio más raro nos ha mandado tu padre. ¡A quién se le ocurre aceptar semejante trabajo tan lejos de su casa!-exclamó al casi tropezarse.
Tras de ella salía un chico de no más de diecisiete años, peinándose con la mano su pelo rubio liso y bostezando sin disimulo.
-Mamá, no está tan mal, a veces es necesario un cambio de aires, ¿qué tiene de malo este paisaje?-preguntó entusiasmado.
-¿No ves que está todo oscuro? ¡Qué sitio más horrible!-se quejó la madre.
-Pero mamá, en la Tierra una parte del tiempo es oscura mientras la otra permanece iluminada, aquí se llama noche, y además, es bonita-dijo el chico con aire soñador.
-Me da igual, Jared. Vamos a buscar el cuchitril donde nos ha mandado tu padre, que aquí corremos peligro-dijo la mujer tiritando.
Entonces accionó un mando y la gran nave púrpura se fue cada vez haciendo más pequeña hasta que quedó del tamaño de una canica. Entonces la mujer la cogió y se la guardó en un bolsillo.
Madre e hijo echaron a andar por un pequeño camino marcado por un mapa que leía el joven, que les indicaba dónde sería su casa.
Pasados diez minutos llegaron a una casa terrera, de estilo antiguo, pero acogedora.
La madre de Jared, Venus, miró el edificio de arriba a abajo y negó con la cabeza; Jared, puso los ojos en blanco y le guiñó un ojo a la casa. Presentía que pasaría buenos momentos en ella.

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